SE AVECINAN TIEMPOS DE OQUEDAD
Sonia Ruíz
Dado a ser año electorero, cada día que pasa aumenta el proselitismo que desde ya se hace presente y es cuando corroboro que ver vomitar a alguien o presenciar a una persona teniendo la diarrea más fétida en vía pública, no son factores de gran peso para tener náusea como cuando te lo provoca con gran acento la oquedad política que suele usarse como una metáfora para describir la falta de contenido real detrás del discurso proselitista. Hablar de oquedad política es hablar de algo que parece sólido por fuera, pero que por dentro está vacío.
Es nauseoso escuchar políticos usando palabras grandilocuentes como “cambio” “democracia” “pueblo” “libertad” “corrupción” “pobres”, palabras desprovistas de cumplimiento, sin propuestas concretas, ni coherencia entre lo que dicen y lo que hacen. Vemos oquedad también institucional, donde se ha perdido legitimidad, independencia o capacidad real de representar a la ciudadanía. Estamos en una era de oquedad ideológica, los partidos que antes defendían proyectos claros y que ahora funcionan más como maquinarias electorales sin visión profunda. Una era donde predomina la oquedad ética, con percepción de cinismo, corrupción o simulación que hace que la política parezca un espectáculo más que un servicio público.
Lamentablemente, la oquedad tiene una dimensión psicológica y social, provocando en la ciudadanía un aumento en el desencanto, un crecimiento en la abstención y creándole al ciudadano una predisposición para el rechazo de discursos antisistema y fortaleciéndoles la idea de que “todos los políticos son iguales”.
La oquedad en la política, describe la distancia entre apariencia y sustancia: mucha forma, pero poca profundidad. Discursos llenos de consignas, pero pobres en propuestas, líderes preocupados por la imagen por encima de las ideas, haciendo propuestas ambiguas o contradictorias, campañas centradas en marketing emocional, utilizando debates públicos superfluos, sin pensar en proyectos a largo plazo y simulando participación democrática.
La política en la actualidad, lo único que trasmite, es una sensación de hueco, eso sí, con mucha forma externa, pero poca sustancia extrínseca: slogans repetidos, sin explicaciones políticas concretas, polarización usada como un show, políticos que constantemente cambian de postura, utilizando comunicación que previamente diseñan solo para el reflector en redes sociales de internet.
Hay algo que valoro del pueblo, valoro que la ciudadanía sienta que la política ya no transforma realmente las condiciones sociales. Creo que la confianza ciudadana se da, valorando la situación económica, la seguridad, la corrupción percibida, el desempeño de los gobiernos y la credibilidad en el cumplimiento de las promesas de campaña. La confianza no se construye con discursos, sino en resultados concretos, transparencia, coherencia entre promesas y acciones, cercanía con problemas reales, con la capacidad de diálogo y rendición de cuentas. Para que la confianza exista, debe esta ser fortalecida con la participación informada, con instituciones fuertes cumpliendo con su deber y con ciudadanos capaces para exigir vigilancia, cuentas y resultados. SE AVECINAN TIEMPOS DE OQUEDAD y la esperanza que siempre existirá, es que no se haga costumbre la equivocación al momento de volver a elegir a nuestros representantes.


