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Benditas Familias Donantes

Mayela Pulido

Mi gran admiración, para esas benditas familias, que en medio del dolor más grande dijeron SI con el corazón roto eligieron dar vida.

Qué convirtieron su despedida en el comienzo de alguien más que dijeron si cuando el mundo se les venía encima.
Porque Donar es amar dos veces, la primera a quien se va la segunda aquí no conocen, pero deciden salvar.

Yo sé lo que es estar al otro lado.
Sé lo que es rogarle a Dios un milagro. Se lo que es mirar a tus hijos a tu padre a tu madre y no se sabe si hay un mañana…
Y por eso es hoy, de rodillas les digo gracias, gracias infinitas por tanto amor, porque alguien volvió a nacer por un sí.

Es dolor y esperanza, lo que sólo una Mamá ha estado en los dos lados y puede entender.
Mi gran admiración, a esas benditas familias donantes.
Familias que están pasando por ese gran dolor de haber perdido su familiar… Y aún con ese dolor que desgarre el alma, no se negaron a la posibilidad de ayudar a otro ser humano.

Gracias a ese ser humano luminoso que parte a otro nivel de vida, la historia de alguien más cambia. Su familia, su primer contacto son los que tienen en sus manos decidir el sí o el no.

Imagino el dolor y la alegría al mismo tiempo. Es una sola línea: de un lado, la vida de quién espera y renace. Del otro lado, la línea del final de quién terminó su camino aquí.
La vida y la muerte son sostenidas por dos extremos.

Y en medio… Un sí que se vuelve milagro.
Es un testimonio. Es la verdad, desnuda de lo que viven las dos familias, unidas por un hilo invisible, que se llama amor.

Una familia que llora, que sufre, que le duele.
Al otro lado, la inmensa alegría de tener otra oportunidad para vivir, para soñar, para amar, para sonreír, para continuar.

Dos sentimientos tan unidos y tan lejanos a la vez… pero ambos bendecidos.
¿Qué podemos sentir?
Un dolor profundo por el de pérdida.
Y a la vez una felicidad inmensa por el que continúa.

Por qué el que dona presta parte de su vida, para que su historia la pueda continuar en alguien más.

Para que sus ojos los regale a quien hoy puede ver la luz del día.

Para desconectar a un paciente de una máquina que lo ayude a vivir.

Para darle un corazón a un ser humano, que está ansioso de volver a amar.

Eso es la bendición de una familia donante, y también la bendición de la que recibe.
Sentimientos encontrados sí.

Pero ambos unidos por una misma bendición: el amor al prójimo. Sólo quien ha visto la muerte cerca, y la vida de frente puede entender el gran significado de la vida.

Con orgullo digo:
Soy valiente y orgullosa donante de órganos.
Y tú ?