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Más allá de la cancha: El mundial 2026

Dra. Verónica Arredondo
En donde vivo ahora, mi querida Zacatecas, todavía es poco perceptible el evento que captará la atención del mundo durante un mes y poco más. Por una parte, lo agradezco, por otra, pienso que sus beneficios económicos, los que se presumen, no impactarán en gran medida en esta ciudad ni en el estado. En la Ciudad de México es diferente, es la gran ciudad, es obvio que ahí sí. Lo vi y lo viví, al menos en lo que respecta a exposición mediática y ambiente.
Yo no soy aficionada ni sigo el futbol. No crecí inmersa en esa realidad. Hay varios enunciados que se me ocurren, ideas que me nacen para responder esa incógnita. La primera: las niñas no juegan al futbol, que casi es una máxima con la que crecimos todas las mujeres de mi generación. Pero, si alguna mujer se hubiera interesado por la práctica de este deporte, me pregunto, ¿qué posibilidades reales hubiese tenido de desarrollarse dentro de él? Creo que no muchas. Aún hoy, con una liga profesional, entiendo que es difícil para las futbolistas prosperar dentro de su entrenamiento y preparación. Entiendo que pocas de ellas encuentran un sustento válido que les asegure un futuro estable y alentador.
¿Por qué no practiqué el futbol? Porque no hubo condiciones, es la contestación más clara que tengo. Si yo hubiese querido jugar futbol, ya no como profesional, sino como amateur, como acto recreativo, probablemente hubiese sido estigmatizada, porque no era común para las mujeres. El contexto social frecuentemente señala a las mujeres que se implican en el deporte, en cualquiera, de hecho, o casi. Siempre ha habido mujeres deportistas, las menos. Los hombres han copado el plano deportivo desde siempre, porque los hombres siempre han querido copar todos los aspectos del quehacer del mundo y nos han enseñado que hay unas actividades exclusivas de las mujeres y que solo eso podemos hacer.
Si me viera desde afuera, desde otra arista, me preguntaría, por ejemplo, cómo lograste ser matemática, porque, en primer lugar, hasta hace muy pocas décadas, solo se les permitía estudiar a los hombres. Las propias familias solo estaban dispuestas para que los hijos hombres desarrollaran una carrera profesional. En 1968, en los Juegos Olímpicos ocurridos en México, 781 mujeres compitieron de un total de 5,516 atletas, que representó el 14% del total. Para los Juegos de 2024, fueron 5,250, cifra que significó un hito histórico al alcanzar la paridad de género, conformando exactamente el 50% de las y los participantes, que fueron 10,500 atletas.
Sí sé que hay mundiales para mujeres y que cada vez hay más cobertura y seguimiento por parte de la sociedad. Pero eso no es lo que atiende en este texto. Un evento, como un mundial de futbol, que implica tanto a hombres como a mujeres, al menos en su consumo, debería de estar planteando resolver problemas, aprovechando la plataforma internacional de la que goza, puesto que su impacto es inmediato, y, además, medible. No es así. Las pocas mujeres que giran en torno a la practica del deporte, porque todavía son pocas, comentaristas, periodistas, árbitras, padecen de exclusión, aún de acoso, de abuso. Día con día, aparece un nuevo caso de las violencias que sufren las jugadoras en equipos profesionales, incluso a nivel de selección nacional. Hay un caso que me exaspera, porque ocurrió en vivo y con exposición internacional, cuando Luis Rubiales beso sin su consentimiento a Jenni Hermoso. El hecho tuvo lugar en el Estadio Australia de Sídney, durante la ceremonia de entrega de medallas tras la victoria de la selección española en la final del Mundial Femenino. Actos como ese ocurren a todavía muchas lamentablemente.
El futbol podría convertirse en un lugar seguro para las mujeres. Su práctica debería representar un impulso para nuestro desarrollo integral, generar condiciones sociales, espacios publicos que esto sí es una responsabilidad del gobierno. Un mundial de futbol tendría que plantearse tanto en lo público como en lo privado, también hay una responsabilidad del consumidor, y también ahí podríamos apoyar más los eventos deportivos femeninos, todos podríamos contribuir para que el deporte tenga como uno de sus objetivos la paridad de género en todas sus áreas, homologar los recursos que se les destinan a hombres y mujeres. Pero, sobre todo, presentar las exigencias de todas nosotras como estandarte, como meta. No podemos vivir en un sistema que aún nos violenta de y no es justo que se nos subestime en ningún lugar de la realidad.
Para concluir, hay un dato que encontré en la red, un dato del que no muchos tenemos conocimiento, pero que se me hace relevante que sea conocido. Aclaro que las siguientes líneas no son enteramente mías, sino que parafraseo la información que hay en diferentes páginas: En 1971, la selección femenina de fútbol de México hizo historia al quedarse con el subcampeonato en el segundo Mundial Femenil (no oficial) celebrado en el país. El Estadio Azteca lució completamente abarrotado, registrando una asistencia histórica de más de 110,000 aficionados que se entregaron por completo para apoyar al conjunto tricolor en la gran final ante Dinamarca. Aunque las mexicanas cayeron 3-0 en el último partido, su destacada participación consolidó a figuras legendarias como Alicia "Pelé" Vargas y María Eugenia "Peque" Rubio. Este torneo demostró el inmenso potencial y la enorme convocatoria del balompié femenil en una época plagada de prejuicios sociales, convirtiéndose en un pilar y antecedente fundamental para la lucha por la profesionalización y el reconocimiento del deporte en México.
Y bueno, que ruede el balón y que todos y todas contribuyamos a que se acabe el machismo.