Reforma Electoral, muestra el talante de MORENA: autoritarismo e incompetencia
Por: Claudia Anaya Mota
El pasado domingo, en el Congreso del Estado de Zacatecas, se llevó a cabo el Noveno Periodo Extraordinario convocado para aprobar una reforma electoral que modifica la forma en que se asignarán las diputaciones de representación proporcional o plurinominales.
La propuesta establece que, de las 12 diputaciones de representación proporcional, seis sean asignadas mediante las listas registradas por los partidos y las otras seis correspondan a las candidaturas de mayoría relativa que, aun habiendo perdido sus distritos, hayan obtenido las votaciones más altas.
A primera vista, no tendría nada de malo que quien obtuvo una votación importante, aunque no haya ganado su distrito, tenga una segunda oportunidad de llegar al Congreso, pero lo malo está en la forma en que se construyó, se aprobó y, sobre todo, en las consecuencias que puede tener para la pluralidad política de Zacatecas.
Una reforma electoral que cambie las reglas de la competencia democrática, no pueden modificarse pensando en quién tiene hoy la mayoría y cómo esa mayoría puede convertirse mañana en más espacios de poder. Eso es precisamente lo preocupante.
La representación proporcional nació para garantizar que la composición de los congresos refleje, de la manera más amplia posible, la diversidad de preferencias expresadas en las urnas, es decir, la pluralidad. No se trata de un premio para los partidos; tampoco de una concesión para las dirigencias. Es un mecanismo para evitar que el resultado de las elecciones de mayoría relativa convierta una ventaja electoral en una hegemonía legislativa.
Esta es la gran contradicción. MORENA y sus aliados sostienen que esta modificación acerca a las diputaciones a la voluntad popular porque toma en cuenta el número de votos obtenidos por las candidaturas, pero conviene preguntar ¿a quién conviene este nuevo mecanismo?
En un estado donde una fuerza política domina buena parte de los distritos, sus candidaturas derrotadas pueden convertirse, paradójicamente, en ganadoras de una diputación plurinominal. Es decir, una fuerza política que ya tiene una importante representación por mayoría relativa puede incrementar todavía más su presencia en el Congreso utilizando los votos obtenidos por sus candidaturas perdedoras.
Eso no necesariamente fortalece la representación proporcional ni la pluralidad. Puede terminar fortaleciendo a la fuerza dominante. Una democracia no se mide solamente por cuántos votos obtiene quien gana, sino también por la capacidad que tiene para escuchar y dar espacio a quienes no forman parte de la mayoría.
Lo más grave, sin embargo, es la manera en que se procesó esta reforma. Una modificación de las reglas electorales que tendrá consecuencias directas en la integración del próximo Congreso debió ser producto de un amplio diálogo político, académico y ciudadano. Debió discutirse con especialistas en derecho electoral, con instituciones electorales, con organizaciones de la sociedad civil y, desde luego, con todas las fuerzas políticas representadas en el Congreso. No ocurrió así.
El oficialismo zacatecano optó por la vía rápida. Morena y el Partido Verde aprobaron la modificación frente a la oposición del PRI, PT y Movimiento Ciudadano, en un proceso que dejó poco espacio para construir un consenso democrático.
Y aquí es donde esta reforma revela algo más profundo: el talante de un gobierno y de una mayoría parlamentaria se conoce, precisamente, cuando tiene el poder suficiente para hacer las cosas como quiere, pero decide si lo utiliza para imponer o para construir. MORENA eligió imponer.
No cuestiono que las reglas electorales puedan y deban revisarse. Por supuesto que deben actualizarse. Tampoco sostengo que todo mecanismo de representación proporcional sea perfecto. Hay mucho que discutir sobre las listas partidistas, sobre los llamados “plurinominales”, sobre la forma de garantizar que quienes llegan al Congreso tengan verdaderamente respaldo ciudadano y sobre cómo evitar que las dirigencias conviertan las candidaturas en espacios de cuotas, privilegios o compadrazgos.
Para lograrlo se necesita una reforma seria, un gran diálogo nacional, una reforma que no nazca de la coyuntura ni de la conveniencia de quien gobierna y que respete el orden jurídico vigente y reconozca a la nuestra Carta Magna como el código jurídico de donde emanan las leyes locales.
Además, el nuevo modelo abre legítimas interrogantes jurídicas que deberán ser revisadas por las autoridades competentes. Debemos preguntarnos si el nuevo esquema respeta los principios constitucionales de representación proporcional, pluralismo, igualdad en la competencia y límites a la sobrerrepresentación.
Si existen dudas sobre su constitucionalidad, serán las instancias legitimadas para ello las que deberán acudir a los tribunales. La Constitución establece quiénes pueden promoverla y fija, además, un plazo de 30 días naturales después de la publicación de la norma.
Pero más allá del litigio jurídico, queda una preocupación política. ¿Qué clase de democracia queremos construir en Zacatecas: una donde las reglas sean producto del consenso y del equilibrio, o una donde quien tiene los votos suficientes en el Congreso pueda modificar las reglas a su conveniencia?
Hoy puede parecer cómodo utilizar una mayoría para construir una legislación electoral favorable, pero lo cierto es que las mayorías cambian, los gobiernos cambian, los partidos cambian. Lo único que debería permanecer son las instituciones y las reglas que garantizan que nadie tenga el poder suficiente para convertirse en dueño de la democracia.
Senadora de la Repùblica





