Cuando la academia violenta: mujeres, poder y estructuras que perpetúan la desigualdad (parte 2)
Por: Eva María López Valerio
“No hay peor peligro que aquella violencia que se disfraza de institucionalidad, que cuenta con el sello, la firma y la complicidad de quienes juegan a proteger los derechos humanos. En donde el compromiso, la inclusión y la innovación quedan de lado”
Cuando la violencia se vuelve institucional
La violencia institucional aparece cuando las estructuras, procedimientos o decisiones de una institución permiten, favorecen o reproducen la vulneración de derechos. Puede manifestarse cuando una denuncia no se atiende oportunamente. Cuando se minimiza lo ocurrido. Cuando no se garantiza confidencialidad. Cuando no existen mecanismos eficaces para evitar represalias. Cuando las investigaciones carecen de independencia. Cuando las autoridades confunden imparcialidad con indiferencia. O cuando se utiliza la burocracia como una barrera para acceder a la justicia. Una institución puede no ejercer directamente la violencia y, sin embargo, contribuir a reproducirla cuando no cuenta con mecanismos adecuados para prevenirla y atenderla. Por eso, la responsabilidad institucional no debe analizarse únicamente a partir de quién realizó determinada conducta.
También debemos preguntar:
¿Qué hizo la institución después de conocerla?
Denunciar no debería convertirse en otra forma de violencia
Hay mujeres que soportan durante meses o años situaciones injustas porque saben que denunciar puede tener consecuencias.
Ese temor no es menor.
Una denuncia puede significar exponerse públicamente, enfrentar cuestionamientos, romper relaciones laborales o profesionales y entrar en procedimientos institucionales largos y desgastantes. Por eso, cuando una mujer decide hablar, el Estado y las instituciones educativas tienen una responsabilidad particular: garantizar que ejercer ese derecho no se convierta en una nueva fuente de violencia. No puede ser que denunciar una conducta termine provocando más afectaciones que la propia conducta denunciada. La protección frente a represalias debe ser una condición básica.
¿Y la violencia política?
Existe también una dimensión que debemos comenzar a discutir con mayor seriedad dentro de las universidades: la violencia política contra las mujeres en razón de género. Cuando una mujer participa en órganos colegiados, procesos de representación, espacios sindicales, cuerpos directivos o decisiones institucionales, su participación puede generar resistencias.
La política universitaria también es política.
Y donde existe disputa por el poder pueden reproducirse mecanismos de exclusión y violencia de género. Impedir, obstaculizar, descalificar o intimidar a una mujer por participar en la toma de decisiones no solamente afecta a esa mujer. Afecta la democracia institucional. Porque la igualdad no puede quedarse en la presencia numérica.
Una institución democrática necesita mujeres con voz, voto y capacidad real de decisión.
Zacatecas y la responsabilidad de sus universidades
En Zacatecas, las instituciones de educación superior tienen una responsabilidad enorme. No solamente forman profesionistas. Forman ciudadanía. Generan conocimiento. Construyen pensamiento crítico. Y tienen influencia directa en la transformación social. Por eso, las universidades deben ser particularmente cuidadosas con las prácticas que ocurren en su interior. No basta con conmemorar el 8 de marzo. No basta con colocar mensajes sobre igualdad. No basta con tener protocolos.
La verdadera perspectiva de género se demuestra cuando una institución enfrenta un conflicto real. Cuando una mujer denuncia. Cuando existe una relación de poder. Cuando las versiones se confrontan. Cuando alguien puede resultar afectado por una decisión. Es ahí donde se conoce el verdadero compromiso institucional.
Continúa (…).





