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Cuando la academia violenta: mujeres, poder y estructuras que perpetúan la desigualdad (parte 3)
Por: Eva María López Valerio

La Benemérita Universidad Autónoma de Zacatecas (BUAZ) y el desafío de mirar hacia dentro
La Benemérita Universidad Autónoma de Zacatecas, como institución pública de educación superior, tiene frente a sí el mismo desafío que enfrentan muchas universidades del país: construir una cultura institucional donde la igualdad no sea solamente un principio escrito, sino una práctica cotidiana.
Esto implica fortalecer los mecanismos de prevención y atención de la violencia. Capacitar a quienes toman decisiones. Garantizar procedimientos imparciales. Evitar conflictos de interés. Proteger a quienes denuncian. Prevenir represalias. Y revisar permanentemente las estructuras que concentran poder.
Pero también implica algo todavía más importante:
Escuchar.
Escuchar a las mujeres que señalan situaciones que consideran injustas. Escuchar sin prejuzgar. Investigar sin anticipar culpabilidades. Resolver con evidencia. Garantizar que nadie sea castigado por ejercer sus derechos. Defender a las mujeres no significa desconocer el debido proceso.
Al contrario.
La perspectiva de género exige procedimientos serios, objetivos y respetuosos de los derechos de todas las personas involucradas.
No se trata de mujeres contra hombres
Este debate no debe convertirse en una confrontación entre mujeres y hombres. La igualdad no pretende sustituir una forma de dominación por otra. Pretende eliminar las relaciones de dominación. Los hombres también deben participar en esta transformación, no desde la posición de quienes “permiten” que las mujeres avancen, sino desde el reconocimiento de que la igualdad beneficia a toda la comunidad. Una universidad libre de violencia es mejor para las mujeres, pero también para los hombres. Es mejor para estudiantes, docentes, investigadores, trabajadores y autoridades. Es mejor para la sociedad.
El verdadero problema es la normalización
Quizá el mayor peligro no sea únicamente la existencia de conductas violentas.
El verdadero peligro es que lleguemos a considerarlas normales. Que una mujer sea descalificada y nadie diga nada. Que una denuncia sea minimizada. Que una campaña de desprestigio sea considerada parte de la “dinámica institucional”. Que la exclusión sea presentada como una decisión administrativa. Que el abuso de poder sea confundido con autoridad. Que el silencio sea interpretado como paz.
El silencio no siempre es paz.
A veces es miedo. A veces es cansancio. A veces es resignación. En ocasiones, es simplemente la certeza de que nadie escuchará.
Cambiar las estructuras, no solamente los discursos
La violencia académica contra las mujeres no desaparecerá mediante discursos políticamente correctos. Se requiere transformar las condiciones que la permiten. Eso significa revisar estructuras de poder, mecanismos de decisión, procedimientos administrativos, sistemas de evaluación y canales de denuncia. Significa construir instituciones donde el ejercicio de la autoridad tenga límites claros. Donde la crítica no sea castigada. Donde denunciar no implique quedar marcada. Donde una mujer pueda aspirar a dirigir sin que su carácter sea utilizado como argumento en su contra. Donde pueda disentir sin ser etiquetada. Donde pueda decir “no” sin enfrentar represalias. Donde pueda ocupar un espacio de poder sin tener que demostrar el doble que los demás. Porque una universidad no demuestra su compromiso con la igualdad cuando lo declara.
Lo demuestra cuando una mujer puede ejercer plenamente sus derechos sin pagar un precio por hacerlo.
La pregunta final, entonces, no debería ser solamente si existe violencia dentro de nuestras universidades. La pregunta debe ser mucho más profunda:
¿Qué estamos haciendo para impedir que las estructuras que la producen continúen funcionando?
Porque cuando una institución protege la dignidad de una mujer, protege a toda su comunidad. Cuando escucha una denuncia, fortalece su democracia. Cuando corrige una injusticia, fortalece su legitimidad. Y cuando transforma sus estructuras de poder, no solamente cambia a la universidad.
Cambia la sociedad que esa universidad está formando.
Ese es el verdadero reto para Zacatecas. Es una deuda que ya no podemos seguir postergando.
Fin