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Cuando los números bajan, pero el miedo permanece

La disminución de los homicidios dolosos no necesariamente significa que la ciudadanía haya recuperado la sensación de seguridad

Por Eva María López Valerio

En Zacatecas, hablar de seguridad implica mucho más que revisar el número de homicidios dolosos registrados durante determinado periodo. Las autoridades pueden presentar una reducción en este indicador y, al mismo tiempo, una parte importante de la población continuar manifestando temor e inseguridad. ¿Existe una contradicción? No necesariamente.
La explicación se encuentra, en buena medida, en que los indicadores de violencia y la percepción ciudadana miden dimensiones diferentes de una misma realidad. El homicidio doloso es, sin duda, uno de los indicadores más graves para analizar la violencia. Sin embargo, no representa por sí mismo todas las expresiones de inseguridad que afectan a una sociedad. Una persona puede no haber sido víctima de homicidio y, aun así, vivir con miedo debido a robos, extorsiones, amenazas, desapariciones, violencia familiar, enfrentamientos o desplazamiento.
Por eso, cuando se afirma que la violencia disminuyó a partir de la reducción de homicidios, es necesario precisar qué se está midiendo y durante qué periodo. Una disminución en un indicador específico no significa automáticamente que todas las formas de violencia hayan disminuido en la misma proporción.
La seguridad que muestran los números y la seguridad que vive la gente
La percepción de inseguridad se construye a partir de experiencias personales, familiares y comunitarias. También intervienen las noticias, las conversaciones entre vecinos, las redes sociales y la confianza —o desconfianza— hacia las instituciones. Cuando una familia tiene un integrante desaparecido, cuando alguien ha sufrido una extorsión o cuando una comunidad ha vivido episodios de violencia, la percepción de seguridad no cambia necesariamente porque disminuya el número de homicidios registrados.
La Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) del INEGI precisamente permite observar dimensiones que no pueden conocerse únicamente mediante las carpetas de investigación: victimización, percepción de inseguridad y aspectos relacionados con la denuncia y la cifra negra. Esto es fundamental. La estadística administrativa y la experiencia ciudadana no deben enfrentarse como si una necesariamente invalidara a la otra. Son fuentes distintas que deben complementarse.
La cifra negra también importa
Otro elemento que debe considerarse es la denominada cifra negra: aquellos delitos que no son denunciados o respecto de los cuales no se inicia una carpeta de investigación. Las razones pueden ser diversas: desconfianza en las autoridades, temor a represalias, considerar que denunciar es una pérdida de tiempo, falta de seguimiento o la percepción de que el delito no será resuelto. Por ello, las carpetas de investigación registradas por las instituciones de seguridad y procuración de justicia constituyen una fuente indispensable, pero no necesariamente reflejan la totalidad de los hechos delictivos que experimenta la población.
El Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) permite consultar información sobre incidencia delictiva registrada. Sin embargo, esos datos deben analizarse junto con encuestas de victimización y percepción, así como con información sobre desapariciones, llamadas de emergencia y otros fenómenos relacionados con la seguridad.
El miedo también tiene memoria
Existe además un elemento social que suele olvidarse: la memoria de la violencia permanece más tiempo que un indicador estadístico. Después de años de experimentar situaciones de inseguridad, recuperar la confianza no ocurre automáticamente cuando determinados delitos comienzan a disminuir. Una sociedad necesita comprobar que puede transitar nuevamente por sus calles, utilizar espacios públicos, trasladarse por carreteras, acudir a trabajar o estudiar y desarrollar sus actividades cotidianas sin temor. Por ello, la recuperación de la seguridad tiene una dimensión objetiva —los delitos registrados— y otra subjetiva —la confianza y percepción de las personas—.Ambas son relevantes.
¿Qué debería observar Zacatecas?
Evaluar la situación de seguridad en Zacatecas requiere una mirada más amplia. Además de los homicidios dolosos, sería necesario analizar de manera conjunta: desapariciones de personas; extorsión y amenazas; robo en sus diferentes modalidades; violencia familiar; delitos sexuales; desplazamiento interno; llamadas de emergencia; delitos denunciados y no denunciados; victimización; percepción de inseguridad; confianza en las instituciones; capacidad de investigación y atención a víctimas.
El objetivo no debe ser demostrar que una fuente tiene razón y otra está equivocada. El objetivo debe ser comprender qué está ocurriendo realmente en la sociedad zacatecana. Si los homicidios disminuyen, ese dato debe reconocerse. Pero si la población continúa sintiéndose insegura, esa percepción también constituye información que merece ser escuchada y estudiada.
La seguridad debe traducirse en tranquilidad
El debate público no debería reducirse a la frase: “los números están bajando”, ni tampoco a la afirmación contraria de que “nada ha cambiado”. Ambas posiciones requieren evidencia. La pregunta central debe ser más amplia: ¿la reducción de determinados delitos se está traduciendo en mejores condiciones para que las personas vivan con tranquilidad?
Porque la seguridad no consiste únicamente en evitar que una persona sea asesinada. También implica poder trabajar, estudiar, producir, viajar, utilizar los espacios públicos y regresar a casa sin sentir una amenaza permanente. Una estadística puede decirnos cuántos homicidios fueron registrados. Una encuesta puede mostrarnos cuántas personas se sienten inseguras. Una denuncia puede documentar un delito. Pero detrás de cada indicador existen personas, familias y comunidades.
Por eso, Zacatecas necesita una política de seguridad sustentada en datos, prevención, investigación, atención a víctimas, fortalecimiento institucional y escucha ciudadana. La reducción de los homicidios puede representar un cambio relevante en un indicador. Sin embargo, el verdadero desafío consiste en que esa mejoría se refleje también en la vida cotidiana.
Porque cuando los números mejoran, pero el ciudadano todavía siente miedo, existe una brecha que las estadísticas por sí solas no pueden explicar.
Y esa brecha no debe ignorarse: debe investigarse, comprenderse y atenderse.