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EL ESTADO LAICO II PARTE

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Dr. José de Jesús Reyes Ruiz

LAS CONTROVERSIAS DE LOPEZ

EL ESTADO LAICO II PARTE

Para documentar mi pesimismo… y el de los demás

Estas dos últimas colaboraciones; se encaminan a buscar la exigencia de un Estado – así con mayúsculas – realmente LAICO, y son pensadas desde la perspectiva de un católico practicante – que es como me reconozco – que sin embargo ve la necesidad de que el estado sea realmente Laico para que se instale en el – sin ningún tipo de ideología religiosa – una verdadera Republica Progresista.
Comentamos hace una semana sobre el puritanismo de Andrés Manuel en las cuestiones del Estado que tendría que ser – insisto – Laico, y sobre el restablecimiento de los valores morales – según su decir – por encima de los valores puramente éticos – que no es lo mismo – que son los que tendrían que ser impulsados por el Presidente de la Republica.
Ética y Moral no significan lo mismo, los valores éticos son universales desde todo punto de vista, y no pueden cambiar, mientras que los valores morales dependen de una ideología esencialmente religiosa, y son pieza de cambio de acuerdo a quien los evalué y los proponga de acuerdo a perspectivas religiosas. Pero esta es una discusión que tendríamos que analizar profundamente y no son los objetivos de estas reflexiones, pero me comprometo a meterme en el futuro más de fondo en esta que es una discusión importante que debe ser analizada con más seriedad.
Comentamos que AMLO se le define como cristiano, y aun y cuando no lo acepte es claro que esta es la ideología que impera dentro de su ser, y que quede claro, no es lo mismo un cristiano que un católico aun y cuando provengan de las mismas raíces, como no es lo mismo un Judío que un Cristiano ni que un Musulmán, aunque estas las tres religiones monoteístas tengan todas ellas el mismo origen.
Este entorno cristiano-evangelista fue el que modelo al Presidente en sus primeros años de vida, los más importantes para crear una serie propia de valores. Pero también comentamos y sobre esto también tendríamos que profundizar en el futuro, que los valores religiosos que se incrustan en nuestro ser sobre todo durante la primera década de nuestras vidas, crecen dentro de lo que representa nuestro entorno privado – que no público – y cuando salimos ese entorno, el de nuestra privacidad, a lo que representa la convivencia con el resto de los seres humanos que nos rodean, estos valores nos son útiles para la nueva etapa que comenzamos a vivir a mediados de la segunda década y de ahí en adelante.
Es una realidad que los usos y costumbres que sobre todo se afianzaron en el siglo XX, cambiaron bajo los gobiernos de un priismo que en la segunda mitad del siglo – dejando atrás la ideología nacionalista revolucionaria – cambiaron desde la presidencia de Miguel Alemán por la idea de un beneficio y enriquecimiento personal a costa de una república cada vez más mancillada por gobiernos en los que se privilegió la corrupción y los beneficios personales de frente a los comunitarios, y que llego a su máxima expresión durante el sexenio de Peña Nieto sin modificarse sustancialmente en los dos gobiernos de extracción panista – en teoría demócrata cristianos con raíces profundas dentro de la esfera católica – donde la corrupción siguió siendo el centro de su forma de gobernar pero; donde la ineficacia y el desconocimiento del arte de gobernar hiso estragos sobre la economía de la nación.
Fue este el panorama que se encontró la izquierda a la que en dos ocasiones – 1988 y 2006 – se le arrebato fraudulentamente su accedo al poder y que finalmente después de dos intentos previos logro el voto popular y la presidencia de la república. Entonces se sentía que el hundimiento de este maltrecho país estaba relacionado esencialmente a la falta de valores sobre todo el de la honestidad y el cariño por la nación a la que se supone tendríamos que servir.
La enrome diferencia entre la visión Cristiana y la Católica es un poco como comparar el antiguo testamento con el nuevo de los evangelios, los cristianos toman más en cuenta al primero que los actos de Jesus que con mucho trajo una ideología que muchos consideran y describen como un Socialismo Humanista Comunitario, con todo lo que ello significa; del apoyo incondicional a los marginados y a las clases más pobres frente al poder de los que todo tienen.
El Cristianismo evangélico llego a nuestras Américas huyendo de la Inglaterra anglicana e intentando conformar un nuevo estado basado en este tipo de conceptos religiosos, centrados en un profundo puritanismo.
Esto también paso en nuestra Mesoamérica con la llegada de los primeros Franciscanos y su idea utópica de establecer en nuestro país los valores que ellos consideraban como la verdadera esencia de los dictados del Jesus real y que claramente eran diametralmente opuestos a aquellos que fueron traídos en el norte, secundarios a la entonces recientemente instrumentada Reforma de Lutero.
Este es un tema fascinante en el que tendremos que hundirnos y analizarlo a fondo, pero en nuestras reflexiones actuales la idea es no olvidar que AMLO nace en una zona devastada y arrasada por las fuerzas anticatólicas de Calles llevadas a su máxima expresión por Garrido Cajigal y la entrada permitida por el gobierno de Cristianos-Evangélicos con recursos provenientes de los Estados Unidos, y con ellos un puritanismo y una forma diferente de ver al mundo – con pros y contras tenemos que aceptarlo – en la que se formó el actual Presidente de la Republica.
Y claro él tiene todo el derecho a poseer las creencias propias, pero ello tendría que ser dejado para su entorno privado y no para el público que representa ser el presidente de todos los mexicanos. Esto lo vemos en su falta de apego a la agenda progresista que tendría que ser la causa central de la izquierda que en teoría representa, simple y sencillamente porque esta agenda es anticristiana y anti puritana.
Esta sin lugar a dudas fue su errónea apuesta – desde mi particular punto de vista – al PES Partido Encuentro Social, conformado por cristianos-evangélicos que le prometieron un millón de votos y no obtuvieron ni una pequeña fracción, perdiendo el registro y manteniendo un grupo de legisladores secundario a los acuerdos de la coalición que fabricaron.
Pero como entender que siguen teniendo un lugar central no solo en el corazón de López Obrador, sino en su gobierno, son recibidos en Palacio Nacional como ningún otro y se alían al presidente para repartir en el territorio nacional la llamada Cartilla Moral de Alfonso Reyes, nada más contrario a lo que un Estado Laico representa.
Vamos hasta la Iglesia Católica ha salido más progresista que AMLO negándose a lo que los evangélicos se comprometieron.
Nada hay más retardatario que un Estado donde Dios y la Religión sigan siendo un elemento central, lo hemos comentado antes la repulsión que a muchos nos provoca ver la actitud hipócrita de los norteamericanos con el IN GOOD WE TRUST de su moneda; el dólar, o el juramento sobre la Biblia en los actos de tipo legal, aquí tendríamos que actuar diferente.
Y es por ello que no se debería permitir que AMLO mencione una y otra vez a la Biblia como referencia, y mucho menos que en su supuesto discurso sobre la dignidad en la frontera como respuesta a las amenazas de Trump, impulsara a dos miembros de la jerarquía eclesiástica, a un pastor evangélico y a un sacerdote – Solalinde con todo y sus méritos – a ser parte del discurso, lo cual tendría que estar a todas luces prohibido por ser la nuestra una República Laica.

Lo de la Cartilla Moral representa – nuevamente desde mi particular punto de vista – un adefesio en sus formas de gobernar, en todo caso podría haberse diseñado un documento sobre la ETICA – que no la moral – y aun y cuando fuera basado – en parte solamente – en la cartilla moral de Alfonso Reyes, podrían actualizar los conceptos utilizando a los expertos de instituciones como la UNAM o el COLEGIO DE MEXICO para crear un documento que invitara a la recuperación de los valores perdidos y que tienen – en eso estoy de acuerdo – que ser parte de la mentalidad – sin exteriorizarlo – de quienes nos gobiernan.
Como es que antes se criticaba tanto que un funcionario participara en un acto público religioso, como entender que Peña Nieto acudiera – previa anulación del matrimonio de la Gaviota – al Vaticano a recibir la bendición del pontífice – Juan Pablo II – antes de llegar a la presidencia, como entender que Vicente Fox tomara posesión con un crucifijo en la mano y meses después desposara a la detestable Martita, quien claro lograría la anulación de su previo matrimonio gracias a la intervención de los siempre interesados en el poder; Los Legionarios de Cristo.
Tendrá que quedarnos bien claro que cuando hablamos de las dos grandes instituciones, estamos hablando del Estado y frente a él las Iglesias – principalmente la católica dominante, pero también las cristianas evangélicas en ascenso constante – y entender que son dos mundos total y absolutamente independientes el uno del otro, por ello hemos escrito hasta el cansancio que las iglesias no pueden ni siquiera intentar influir en las decisiones que solo competen al estado como es el de los matrimonios entre personas del mismo sexo, la despenalización del aborto y la legalización de la mariguana para uso lúdico, ellas podrán en su foro interno reforzar los intereses que a ellas competan pero solo en quienes pertenecen a su iglesia y no intentar extender esta forma de pensar necesariamente a toda la ciudadanía.
Y el Estado en consecuencia hacer lo propio y manejarse dentro de la más estricta laicidad sobre todo cuando recordamos el pensamiento del mejor de los presidentes que este país nos ha dado, BENITO JUAREZ.