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Las consecuencias del desmantelamiento del sistema de salud

Por: Claudia Anaya Mota

La semana pasada, mientras buena parte del país seguía el partido de la Selección Mexicana y su exitoso pase a octavos de final, sucedió algo que me inquietó. En un solo día me llegaron seis solicitudes de personas que buscaban apoyo para comprar medicamentos que el sistema público de salud simplemente no les proporcionó.

Esta imagen resume una realidad cada vez más frecuente: cuando el Estado falla en garantizar el acceso a tratamientos médicos, los ciudadanos terminan recurriendo a legisladores, asociaciones civiles o colectas familiares para conseguir aquello que debería estar garantizado por derecho.

El problema no es únicamente el desabasto. Es la normalización de un sistema donde la gestión personal sustituye a la política pública. Cuando un paciente necesita que un legislador intervenga para obtener un medicamento, el verdadero diagnóstico apunta a una falla estructural.

A esta situación se suma una noticia difícil de justificar y que se confirmó en “La Mañanera del Pueblo”: más de 120 millones de pesos en medicamentos caducaron en el Hospital Infantil de México pese a que su Director, lo adviritió meses antes de este hecho. En un país donde miles de familias recorren hospitales en busca de tratamientos oncológicos, antibióticos o medicamentos para enfermedades crónicas, que esa cantidad de insumos termine en la basura representa mucho más que un error administrativo. Es el reflejo de una cadena de decisiones deficientes, planeación insuficiente y una ejecución que sigue sin ofrecer resultados.

Lo cierto es que 120 millones de pesos que fueron tirados a la basura, son mucho menos que los 15 mil millones de pesos que costó la fallida Megafarmacia del Bienestar, son menos que los 800 millones de pesos que Birmex sigue sin dar evidencia documental de entrega de medicamentos, son mucho menos que la evaporación del Fondo de Salud para el Bienestar, que cuando se les dejó en 2018, tenía 92 mil millones de pesos, y que hoy día el saldo (acorde con la SHCP) es de 32 mil millones de pesos.

Recordemos que la cuarta transformación se comprometipo desde 2018 a mejorar el sistema de salud y para ello, desaparecieron instituciones, se centralizaron compras, se modificaron esquemas de distribución y se crearon nuevas estructuras que, según sus promotores, resolverían los problemas históricos del sector.

No obstante, la experiencia cotidiana de miles de pacientes parece contar otra historia. Las filas continúan, los medicamentos siguen faltando en numerosos hospitales y las solicitudes de ayuda ciudadana no disminuyen; por el contrario, aumentan.

Ese incremento en las gestiones quizá sea uno de los indicadores menos estudiados, pero más reveladores. Cada solicitud representa a una persona que agotó los canales institucionales antes de tocar la puerta de un representante popular. Ningún sistema de salud puede considerarse exitoso cuando los ciudadanos necesitan intermediarios para ejercer un derecho básico.

Habrá quienes atribuyan la crisis a las decisiones del actual gobierno y quienes recuerden las deficiencias heredadas de administraciones anteriores. Ambas posiciones forman parte de una conversación legítima. Sin embargo, para los pacientes esa disputa resulta irrelevante cuando la receta permanece sin surtirse.

Lo verdaderamente urgente es recuperar la capacidad del Estado para garantizar el acceso efectivo a medicamentos, mejorar la planeación de compras, evitar pérdidas millonarias por caducidad y reconstruir la confianza de la población en las instituciones sanitarias. Detrás de cada cifra existe un rostro. Detrás de cada medicamento faltante hay una familia que enfrenta incertidumbre, gastos extraordinarios o el riesgo de que una enfermedad avance mientras espera una respuesta.

La salud nunca debería convertirse en un asunto de suerte, de influencias o de gestiones personales. Un sistema público eficiente no se mide por las conferencias de prensa ni por las promesas de campaña. Se mide, sencillamente, por la capacidad de entregar el medicamento correcto, al paciente correcto, en el momento en que más lo necesita.

Senadora de la República