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Dr. Pablo Quezada

Las mentiras de las encuestas para elegir candidatos

Las encuestas se han convertido en una herramienta frecuente dentro de la política mexicana. Antes de una elección, los partidos políticos suelen utilizarlas para conocer quién tiene mayor reconocimiento, aceptación o intención de voto entre los ciudadanos. Sin embargo, cuando las encuestas se utilizan para elegir candidatos, surge una pregunta importante: ¿realmente reflejan la opinión de la ciudadanía o pueden convertirse en una forma de manipulación política?
Una encuesta seria puede proporcionar información valiosa. El problema aparece cuando sus resultados se presentan de manera engañosa, se realizan con metodologías poco claras o se utilizan únicamente para justificar una decisión que ya estaba tomada. En estos casos, la encuesta deja de ser un instrumento de medición y puede convertirse en una herramienta de propaganda.
Una de las principales formas de engañar con una encuesta consiste en seleccionar cuidadosamente a quiénes se pregunta. Si una encuesta se aplica a una población que simpatiza mayoritariamente con determinado candidato, el resultado probablemente favorecerá a esa persona. También pueden influir la cantidad de participantes, la manera de formular las preguntas, las fechas en que se realiza el estudio y la forma en que se selecciona la muestra.
Otro problema aparece cuando los partidos anuncian que determinado aspirante “ganó la encuesta”, pero no presentan información suficiente para comprobarlo. En ocasiones se da a conocer únicamente el porcentaje final, sin explicar cuántas personas participaron, cuál fue el margen de error, cómo fueron seleccionadas o quién realizó el estudio. Sin esos datos, resulta difícil para la ciudadanía evaluar si el resultado es confiable.
También existe la manipulación mediante la presentación de resultados. Por ejemplo, una diferencia de pocos puntos entre dos candidatos puede ser presentada como una enorme ventaja. Asimismo, pueden difundirse únicamente las preguntas o resultados que favorecen a determinado aspirante y dejar fuera aquellos que muestran una situación diferente.
Las encuestas pueden convertirse además en una estrategia para generar la percepción de que un candidato es inevitablemente el ganador. Si durante semanas se repite que una persona encabeza las preferencias, algunos ciudadanos pueden terminar creyendo que votar por otro candidato significa desperdiciar su voto. De esta manera, la encuesta no solamente intenta medir la opinión pública, sino que puede llegar a influir en ella.
Sin embargo, no todas las encuestas son falsas. Existen empresas y especialistas que utilizan métodos científicos, muestras representativas y procedimientos estadísticos para obtener resultados confiables. Por eso, no se debe afirmar que toda encuesta es una mentira. Lo correcto es analizar quién la realizó, cómo se hizo y con qué propósito se presentan sus resultados.
Cuando una encuesta se utiliza para elegir candidatos, la transparencia debería ser una condición indispensable. Los partidos deberían informar claramente la metodología, el tamaño de la muestra, las fechas del levantamiento, las preguntas realizadas y los criterios utilizados para determinar al ganador. La ciudadanía tiene derecho a conocer las reglas antes de aceptar el resultado.
En conclusión, el problema no son las encuestas en sí mismas, sino su posible utilización política y poco transparente. Una encuesta puede ayudar a conocer las preferencias de la población, pero también puede ser manipulada para legitimar decisiones internas de los partidos. Por ello, antes de creer que un candidato “ganó” una encuesta, es necesario preguntarse quién la realizó, cómo se realizó y qué información se está dejando fuera.
En una democracia, elegir candidatos debería depender de procesos transparentes y de la voluntad real de los ciudadanos, no de resultados incompletos o de encuestas utilizadas como instrumento de propaganda. La mejor defensa contra las encuestas engañosas es una ciudadanía informada, crítica y capaz de exigir datos antes de creer en cualquier porcentaje.