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Las encuestas patito de Morena
Dr. Pablo Quezada
En Morena las encuestas se han convertido en una especie de oráculo político: aparecen cuando conviene, colocan a unos arriba, a otros abajo y, finalmente, sirven para justificar decisiones que muchas veces ya parecen tomadas de antemano.
El problema no es hacer encuestas. El problema comienza cuando una encuesta se presenta como la voz de la ciudadanía sin explicar con claridad quién la hizo, quién la pagó, a quién preguntaron, cuántas personas participaron, cuándo se levantó y cómo se procesaron los resultados.
Porque una encuesta sin metodología transparente puede terminar siendo poco más que propaganda con apariencia científica.
El propio INE establece que la regulación de las encuestas busca precisamente que la sociedad pueda valorar su calidad. Entre los elementos que deben transparentarse están el patrocinador, el tamaño de la muestra, el nivel de confianza, el margen de error, las fechas del levantamiento y el fraseo de las preguntas.
Entonces viene la pregunta incómoda: ¿qué tan transparentes son las encuestas que Morena utiliza para definir candidaturas?
Morena lleva años utilizando las encuestas como uno de sus principales mecanismos para seleccionar candidatos. Sus documentos internos han contemplado expresamente este método para determinar quién resulta mejor posicionado
Pero precisamente por eso la encuesta debería ser el instrumento más transparente de todo el proceso.
Si de una encuesta depende quién será candidato, quién tendrá acceso a una estructura partidista y quién quedará fuera de la competencia, no basta con decir: “ganó la encuesta”.
Hay que enseñar la encuesta.
Hay que conocer la muestra.
Hay que conocer las preguntas.
Hay que conocer las fechas.
Hay que conocer quién levantó el estudio.
Hay que saber quién lo pagó.
Y, sobre todo, hay que poder revisar el procedimiento.
Porque cuando todos esos elementos desaparecen y únicamente aparece una conclusión —“fulano ganó”—, la encuesta deja de ser una herramienta de medición y comienza a parecer una herramienta de legitimación.
El problema del “dedazo” con disfraz de encuesta
Durante décadas, la política mexicana utilizó el famoso “dedazo” para designar candidatos. Morena llegó al poder criticando precisamente esas viejas prácticas.
Por eso resulta políticamente contradictorio que una decisión pueda terminar siendo presentada como democrática simplemente porque se le coloca encima la etiqueta de “encuesta”.
Un dedazo anunciado abiertamente es un dedazo.
Pero un dedazo acompañado de una encuesta que nadie puede revisar genera una pregunta todavía más incómoda: ¿la encuesta decidió al candidato o simplemente justificó la decisión?
No se trata de afirmar que todas las encuestas de Morena sean falsas. Eso sería tan irresponsable como afirmar lo contrario sin conocer los estudios.
Se trata de exigir algo elemental: pruebas y transparencia.
El INE ha documentado que incluso en encuestas difundidas públicamente existen casos en los que falta información metodológica. Durante el proceso electoral de 2024, por ejemplo, el monitoreo del Instituto reportó que en 84% de las encuestas o sondeos difundidos en los espacios monitoreados no se mencionó la información metodológica correspondiente.
Eso demuestra que el problema de la opacidad no es una discusión imaginaria.
Una encuesta no es una estampita de legitimidad
En política, una encuesta puede convertirse en un instrumento poderosísimo.
Puede construir percepción.
Puede generar la idea de que alguien “ya ganó”.
Puede desmoralizar a sus adversarios.
Puede presionar a grupos políticos.
Y puede cerrar una competencia antes de que realmente comience.
Por eso hay que tener cuidado con las llamadas encuestas “patito”: no necesariamente porque todos sus resultados sean falsos, sino porque algunas pueden carecer de los elementos suficientes para que el ciudadano pueda evaluar si realmente son confiables.
Una cifra sin metodología es solamente una cifra.
Un porcentaje sin muestra es solamente un porcentaje.
Y un supuesto ganador sin explicación del procedimiento no constituye, por sí mismo, una prueba de legitimidad.
Morena tiene una responsabilidad mayor
Morena ya no es un partido marginal que pueda justificar sus decisiones internas con procedimientos improvisados.
Es una de las principales fuerzas políticas del país.
Por eso, mientras mayor sea su influencia, mayor debe ser la exigencia de transparencia.
Si una encuesta decide una candidatura, Morena debería tener la capacidad política de responder preguntas sencillas:
¿Quién la levantó??¿Cuánto costó??¿Quién la pagó??¿Cuántas personas fueron entrevistadas??¿Dónde se levantó??¿Cuál fue el margen de error??¿Cuál fue la pregunta exacta??¿Cuántos aspirantes fueron incluidos??¿Quién supervisó el levantamiento??¿Y por qué ganó quien ganó?
No debería existir ningún problema en responder.
Al contrario: publicar la metodología completa fortalecería el resultado.
Lo que debilita una encuesta no es que alguien cuestione sus resultados. Lo que la debilita es que no pueda ser revisada.
La política necesita menos fe y más evidencia
La democracia no consiste en creerle a un partido porque lo dice un dirigente.
Tampoco consiste en creerle a una encuestadora porque presenta porcentajes con dos decimales.
La democracia exige mecanismos verificables.
Y si Morena quiere que sus encuestas sean tomadas en serio, debería ser el primero en someterlas al escrutinio público.
Porque cuando una encuesta sirve para decidir una candidatura, la transparencia no es un favor: es una obligación política con los militantes y con la ciudadanía.
De lo contrario, el riesgo es regresar a las viejas prácticas que supuestamente se pretendían desterrar, pero ahora con una nueva envoltura:
Antes se decía:
“El jefe decidió”.
Ahora puede terminar diciéndose:
“Lo decidió la encuesta”.
La diferencia es que, en democracia, entre una cosa y otra debería existir una montaña de evidencia.
Y si esa evidencia no aparece, entonces la pregunta seguirá flotando en el aire:
¿Estamos frente a una encuesta que realmente midió a la gente… o frente a una decisión política maquillada de encuesta?