LA INSUMISA
Por Mtra. Laiza Rocha Luna
De la cocina a las boletas
Alicia de 30 años era campesina desde niña, casada desde hace 10 años vivía con su esposo y sus 3 hijos. Era el México de 1922 los estragos de la Revolución Mexicana persistían sobre todo en la economía de las familias. Como tantas mujeres mexicanas, Alicia se levantaba antes que todos, despertaba a las cinco de la mañana para prender la leña, hacer el desayuno y seguir con los quehaceres de la casa y cuidado de sus hijos, actividades impuestas por el simple hecho de ser mujer. Regularmente acudía al mercado de la ciudad para vender la cosecha, ahí aprovechaba para convenir precios, intercambiar y lo que más le gustaba que era hablar sobre los cambios políticos y educativos que transformaban al país. La revolución había terminado, pero el aire de justicia y cambio social para mejorar las condiciones sociales permanecía. En las noches Alicia, aún con las manos cansadas y los ojos a medio cerrar aprovechaba el silencio y las brasas para practicar su lectura y escritura, pensaba que ser mujer no se limitaba en saber cocinar y coser textiles durante toda su vida, a Alicia le gustaba hablar de política, pero cuando se apasionaba su esposo le decía que esos temas eran para hombres, que no debía opinar tanto o seria mal vista y él lo señalarían por dejar hablar tanto a su esposa.
Alicia sabía que las mujeres se reunían para hablar de política, de derechos no reconocidos y liberación femenina, se convenció que tener ideas para mejorar las condiciones de las mujeres cambiaría no solo su entorno sino el de su hija y el de ella misma. Alicia quería tener una profesión y trabajar para poder comprar ropa y comida para sus hijos, darles una vida mejor, una vida sin tantas limitaciones. En las reuniones idealizaban con participar activamente en decisiones gubernamentales, no únicamente como secretarias redactando lo que les pedían o mejorando discursos, cada una de ellas sabían que eran igual de inteligentes, igual de capaces para poder gobernar, liderar un negocio, o elegir qué estudiar.
El 17 de octubre de 1953 Alicia tenía 61 años, el sufragio femenino era una realidad, la autonomía de las mujeres comenzaba a plasmarse y reconocerse en las leyes, en la política y en la sociedad. El principal sostén económico de México ya no tenía restricciones, podía votar y participar en las decisiones políticas, Alicia pudo votar por primera vez el 3 de julio de 1955. El feminismo nos ha enseñado que revoluciona las realidades, transforma la justicia y crea igualdad social, es lucha diaria por mejorar nuestras condiciones. El sufragio femenino no fue un regalo, fue el resultado de lucha, de organización y de no conformarse, detrás de la lucha feminista hay mujeres que cuestionan, que incomodan y que niegan a aceptar la desigualdad como destino. El feminismo nos ha enseñado que las instituciones cambian, que nada permanece estático, la lucha feminista sigue siendo sinónimo de emancipación, igualdad y justicia.
Alicia no vivió en un México en donde su voz fuera escuchada, en donde pudo haber sido maestra, médica o abogada. Hoy las mujeres ocupamos cargos de elección popular, podemos estudiar y trabajar, sin embargo, los cuidados recaen todavía en las mujeres, los quehaceres del hogar los hacen las mujeres, los gobiernos reprimen la lucha feminista, no todas se sienten seguras en las calles, no todas han vivido sin violencia, no todas tienen un salario justo, no todas pueden estudiar lo que quieren, no todas llegan a casa con vida, no todas pueden trabajar, no todas tienen seguro médico, no todas tienen acceso a comprar una casa por sí mismas, -no todas- sigue siendo la realidad de hoy. Las mujeres conquistaron el derecho a participar activamente en la política, pero no siguen persistiendo desigualdades estructurales que impiden nuestras libertades, ¿Aún crees que el feminismo es malo?




