TRASCENDER DE GEOMETRÍAS VICIOSAS A GEOMETRIAS FUNCIONALES.
POR: ARTURO LIMA GÓMEZ
En el marco de la experiencia humana —caracterizada por la constante interacción entre pensamientos, emociones y acciones— resulta imprescindible cuestionar los modelos mentales y conductuales que perpetúan dinámicas disfuncionales.
Desde una perspectiva analítica e institucional, la persistencia de estas dinámicas limita el desarrollo integral del individuo y debilita la cohesión social, elementos fundamentales en cualquier enfoque de estabilidad y seguridad.
El concepto de “geometrías viciosas” se emplea como una metáfora estructural para describir patrones repetitivos de conducta que restringen el desarrollo humano:
1. El círculo vicioso: repetición y estancamiento
Representa la reiteración de conductas, pensamientos y entornos que impiden la evolución personal.
2. El triángulo: dinámicas relacionales disfuncionales
Simboliza las triangulaciones interpersonales que generan conflicto, desconfianza y desgaste emocional.
3. El cuadrado rígido: inflexibilidad estructural
Alude a esquemas mentales cerrados, caracterizados por la rigidez, la resistencia al cambio y la incapacidad de adaptación.
Superar estas geometrías implica un proceso consciente de transformación que incluye:
La identificación y eliminación de ciclos repetitivos que generan perjuicio individual o colectivo.
La revisión crítica de creencias heredadas y aprendizajes disfuncionales.
La desvinculación de relaciones y entornos que no contribuyen al desarrollo integral.
La suspensión de juicios de valor que fragmentan la convivencia y obstaculizan la construcción de unidad.
Este proceso favorece la creación de espacios orientados al equilibrio, la claridad y el crecimiento sostenido.
La transformación propuesta no implica la eliminación de las estructuras simbólicas, sino su resignificación hacia modelos funcionales:
1. El círculo como armonía
El círculo deja de representar repetición estéril para convertirse en símbolo de integración y equilibrio. Esta idea encuentra un referente visual en el Hombre de Vitruvio de Leonardo da Vinci, donde se expresa la relación armónica entre el ser humano y el orden universal.
2. El triángulo como unidad esencial
El triángulo se reinterpreta como estructura de equilibrio y complementariedad. Ejemplo de ello son las triadas simbólicas presentes en distintas tradiciones:
Horus, Isis y Osiris en la mitología egipcia.
Padre, Hijo y Espíritu Santo en la doctrina cristiana.
Estas configuraciones representan cohesión, continuidad y equilibrio relacional.
3. El cuadrado como estabilidad dinámica
El cuadrado se resignifica como símbolo de orden, estructura y equilibrio en la experiencia humana, reflejado en los ciclos naturales —como las estaciones del año— y en la orientación espacial mediante los puntos cardinales.
La trascendencia de “geometrías viciosas” no es únicamente un proceso individual, sino un componente estratégico para el desarrollo sostenible y la gobernabilidad.
Los sabios medievales estudiaban Geometría, camino al verdadero conocimiento; los constructores, veían en ella la posibilidad de alcanzar, por un lado, lo bello y por otro el medio de resolver los problemas técnicos. Poseer conocimientos de geometría permite al constructor distinguirse de la multitud, ya no es un simple obrero, sino un diseñador, un Creador, un Arquitecto.
En el grabado de William Blak, denominado el anciano de los días, URIZEN es la personificación de la sabiduría y de la ley, suele representársele como un hombre anciano, blanco y barbado y lleva consigo las herramientas de un Arquitecto, para crear y limitar el Universo, para atrapar personas en las leyes y en las normas de la sociedad convencional. Se le aprecia con un compás midiendo la tierra, configurando el triángulo, circulo y cuadrado.
Trascender las geometrías viciosas implica un cambio estructural en la forma de pensar, relacionarse y actuar. Este proceso demanda conciencia, disciplina y apertura, orientadas a sustituir patrones limitantes por esquemas constructivos basados en la armonía, la unidad y la estabilidad.
En este sentido, la evolución individual se convierte en un factor clave para la transformación colectiva, permitiendo la construcción de entornos más equilibrados, íntegros y sostenibles.
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