Zacatecas necesita servidores públicos preparados, no currículums inflados
Por: Eva María López Valerio
Nuestra entidad enfrenta problemas que requieren conocimiento, sensibilidad social y capacidad para construir soluciones: inseguridad, desigualdad, crisis del campo, falta de oportunidades, rezago educativo y desconfianza ciudadana hacia las instituciones.
Frente a estos desafíos, resulta preocupante que el debate político pueda concentrarse más en presumir credenciales que en demostrar competencias.
¿De qué sirve ostentar un doctorado si no existe capacidad para construir políticas públicas? ¿De qué sirve presumir una maestría si las decisiones carecen de sustento técnico? ¿De qué sirve acumular reconocimientos académicos si el ejercicio del poder está marcado por la improvisación, la soberbia o la ausencia de resultados?
La preparación auténtica también exige humildad intelectual: reconocer lo que no se sabe, escuchar a quienes tienen experiencia, fundamentar las decisiones y comprender que ningún grado académico coloca a una persona por encima de los demás.
Quienes hemos transitado por espacios académicos sabemos que estudiar implica mucho más que recibir un diploma. Implica enfrentar evaluaciones, desarrollar investigaciones, defender argumentos y someter nuestro trabajo al escrutinio de otras personas.
Por ello, cuando un actor político utiliza un grado académico para fortalecer su credibilidad pública, la ciudadanía tiene derecho a cuestionar su autenticidad y solicitar transparencia sobre su trayectoria, especialmente cuando esa credencial se utiliza para acreditar requisitos legales o profesionales del cargo.
La simulación académica también es una forma de engañar a la sociedad
La eventual utilización de títulos falsos, documentos irregulares o grados académicos que no corresponden a estudios efectivamente realizados no debe minimizarse como una simple exageración curricular.
Cuando estas conductas se acreditan, pueden constituir un problema ético y, dependiendo de las circunstancias, generar consecuencias administrativas o jurídicas.
Pero también debemos ser responsables: una sospecha no constituye una prueba. Señalar irregularidades exige documentos, verificaciones institucionales y procedimientos que permitan distinguir entre una credencial legítima, una distinción honorífica y una posible falsificación.
La exigencia de transparencia no debe utilizarse para perseguir adversarios políticos, sino para fortalecer la confianza pública y garantizar que nadie obtenga ventajas mediante información académica engañosa.
Zacatecas no necesita una competencia de títulos rimbombantes. ni una colección de grados colocados antes de cada nombre. Necesita mujeres y hombres capaces de demostrar con hechos aquello que aseguran saber.
Porque el conocimiento verdadero no necesita imponerse mediante una credencial; se manifiesta en el pensamiento crítico, en la calidad de las decisiones, en la responsabilidad y en el servicio a los demás.
Un título puede abrir puertas, pero jamás debe utilizarse para encubrir la falta de preparación.
Y vale la pena dejar una reflexión final para quienes han convertido los grados académicos en parte de su propaganda personal:
No basta con llamarse licenciado, maestro o doctor. Hay que demostrar que se estudió, que se aprendió y, sobre todo, que ese conocimiento sirve para transformar positivamente la realidad.
Los títulos se acreditan con documentos; la preparación se demuestra con conocimientos, la ética con acciones y el liderazgo con resultados




