STORY TELLING
Sonia Ruíz
Primera parte
La historia que quiero contar el día de hoy, es con el propósito de dejar un mensaje que pueda ser de utilidad a todos los padres de familia y a los jóvenes que algún día decidan serlo. Esta historia me ha marcado porque la conozco desde el día uno, hasta la fecha.
Hace 29 años comienza a escribirse un suceso que me dejó mucha enseñanza, y es que, una de mis pacientes que mes con mes acudía a mi consultorio a su control de embarazo siempre la encontraba un tanto renuente para tomarse el hierro y el ácido fólico que le prescribía, decía que lo hacía de manera irregular porque temía engordar demasiado, aun explicándole que los hematínicos no producen tal efecto. Además, por su propio trabajo cursaba con mucha carga de estrés. Recuerdo un día cuando llegó a los seis meses de gestación, le faltaba una semana para los siete, se despierta como un oso, con edema generalizado, los ojos a penas los podía abrir, la presión arterial elevadísima, godete positivo, curiosamente ningún otro síntoma. Fue referida al hospital, al imss de Zacatecas, donde le dan seguimiento y atención al diagnóstico emitido: “Pre eclampsia Severa, inminencia de eclampsia”, significa presión altísima y a punto de convulsionar, por lo que deciden que el manejo más eficaz para salvar la vida del binomio era desembarazándola, es decir, practicarle de inmediato una Cesárea, lo cual no garantizaba un buen pronóstico puesto que esta patología que la presenta casi la mitad de las mujeres que se embarazan, tiene un alto índice de morbi-mortalidad, lo cual significa que en el menor de los casos, la mujer esta propensa a complicaciones serias. Se obtiene un producto de 33 semanas por Capurro, con un peso de un kilo y medio, en términos generales sin mayor complicación, no requirió más que ser canalizado para mantener vena permeable para introducir algún medicamento que se requiriera. La paciente conoció a su bebé, por cierto, masculino, hasta los doce días de nacido, día en que ella fue egresada del hospital (obviamente no pudo amamantarlo por la gran cantidad de medicamentos que tomaba) no así el niño, ya que tendría que permanecer más tiempo en el hospital para ganancia ponderal, hasta rebasar el kilo ochocientos gramos. El bebé se veía muy vivaracho, se percibía por su miradita que era un pequeño muy listo e inteligente. Llegó el momento de llevárselo a casa, ya con su peso superado. Pero, esto no es lo más interesante de la historia. Después de haber sido dado de alta, cada mes tenía que regresar a revisión con el neonatólogo, hizo anemia, se trasfundió, se le aplicó por una temporada por vía intra muscular, la eritropoyetina. A los seis meses de edad, ese bebé ya era un niño que cursaba con peso y talla acorde a cualquier otro niño de su edad. A partir de esa fecha, el neonatólogo comenta que ya no es necesario citarlo más con él, que el seguimiento ahora sería en su unidad de salud más cercana a través del control de niño sano, el cual lo llevó desde entonces en mi consultorio. Cuando cumple dos años con cuatro meses, ya estaba en el pre- escolar, de manera extra oficial, en una comunidad rural pequeña, muy alejada, a esa edad ya avisaba cuando quería ir al baño, ya le recitaba a su mamá su primera corta poesía, ya sabía los colores, los números, las figuras geométricas y comía de todo. A los cuatro años, oficialmente ya estaba inscrito en nivel pre- escolar en un colegio en Guadalupe, Zacatecas. A los cinco años ya sabía leer. Aquí, en esta fecha y en esta edad, llega lo verdaderamente interesante y, a decir verdad, un poco preocupante. En esta etapa, llega una serie de requerimientos por parte del colegio a la mamá, por incidencias del niño; terminaba muy rápido los trabajos y tareas que le asignaban, interrumpía a sus compañeritos por terminar prematuramente sus encomiendas escolares, en ocasiones peleaba, rara vez. Lo más acentuado era lo acelerado e inquieto que le hacía molestar a la maestra. Como estas incidencias se fueron tornando cada vez más frecuentes, para entonces el niño ya estaba canalizado al área de psicología, me lo refiere la mamá en consulta y además me confirma que le había diagnosticado el psicólogo, “Reacción Hipercinética de la Infancia”. Así fue como era catalogado, un niño hiperquinético, al cual nunca hubo la necesidad de medicar.




