LOS TRES GARCÍA: CONTINUIDAD, TRANSFORMACIÓN Y SEGURIDAD DEL ESTADO MEXICANO EN TRES TRAYECTORIAS DE LA VIDA PÚBLICA.
Dr. Arturo Lima
Hay familias cuya historia se confunde, durante determinados periodos, con la propia historia de las instituciones en las que sus integrantes participaron. No necesariamente porque hayan constituido dinastías formales ni porque hayan heredado cargos, sino porque, generación tras generación, algunos de sus miembros terminan ocupando posiciones desde las cuales es posible observar de cerca las transformaciones del Estado. La familia García ofrece un caso particularmente sugerente.
En un arco histórico que comprende buena parte del siglo XX y alcanza el México contemporáneo aparecen tres figuras que, aun perteneciendo a generaciones diferentes y desarrollándose en ámbitos institucionales distintos, mantuvieron una relación significativa con la seguridad, la inteligencia y el poder público: Marcelino García Barragán, Javier García Paniagua y Omar García Harfuch.
El General Marcelino García Barragán en Palacio Nacional, pocos días después de los acontecimientos del 2 de octubre de 1968, en un contexto de elevada tensión política y social, llega al despacho presidencial y presenta la reafirmación de la lealtad de las Fuerzas Armadas al Presidente de la República: “. . . Gustavo Díaz Ordaz en Palacio Nacional escuchaba a su secretario particular y lo hacía con especial atención, el funcionario había entrado casi intempestivamente,...señor, me avisan del arribo al patio del Secretario de la Defensa y, no tengo agendada ninguna reunión de él con usted -si Díaz Ordaz se había sobresaltado el resto de la información lo inquieto más, -llegó en un Jeep enfundado en su uniforme verde olivo, botas y fornitura café, dentro de la funda una pistola escuadra 45mm y al frente del quepí puesto en la testa, un águila rodeada simétricamente por tres estrellas (todo lo metálico perfectamente pulido)-, sin mediar palabra con nadie y solo acompañado por el Coronel López Lena (idénticamente uniformado) comenzó a subir por las escaleras de cantera buscando llegar al despacho del Presidente de la República, quien se había puesto de pie con la Banda presidencial para pararse exactamente a un lado de su escritorio, quiso recibir de pie al divisionario.
En posición de "firmes" y luego de un pronto saludo militar el General Secretario se dirigió al Presidente de la República Mexicana: Señor Presidente, estoy aquí para refrendar la lealtad de las Fuerzas Armadas Mexicanas, desde mi persona hasta el último soldado nos reiteramos a sus órdenes-
Diaz Ordaz, solo deslizó un casi imperceptible suspiro distorsionador. . .”
La fuerza interpretativa de este episodio no depende únicamente de establecer si cada detalle ocurrió exactamente de la manera narrada. Su valor reside también en lo que revela acerca del imaginario político de la época: el temor a una ruptura institucional (Golpe de Estado), el peso de las Fuerzas Armadas y la preocupación por la estabilidad del régimen después de los acontecimientos del 2 de octubre.
Se vincula además este escenario con el inicio de los Juegos Olímpicos de México 1968 y con el contexto internacional de la Guerra Fría.
La escena, por ello, puede leerse como una representación condensada de un Estado sometido simultáneamente a presiones internas y externas.
Marcelino García Barragán desarrolló su carrera en el México posrevolucionario, dentro de las Fuerzas Armadas y posteriormente en la política estatal y nacional. Javier García Paniagua se desenvolvió en una época marcada por la Guerra Sucia, los movimientos armados, la inteligencia política, las crisis económicas y la transición del viejo régimen priista hacia una nueva generación tecnocrática.
Omar García Harfuch, por su parte, pertenece a una generación distinta. Su trayectoria se encuentra relacionada con la profesionalización de las instituciones policiales y con la seguridad pública contemporánea.
La comparación, por tanto, no pretende demostrar una línea recta de sucesión. Busca comprender una transformación. Del General al operador político; del operador político al funcionario policial; de la lógica militar a la inteligencia; de la inteligencia política a la profesionalización de la seguridad. Ese tránsito constituye el objeto central de este trabajo.
FUERZAS ARMADAS Y PODER POLÍTICO
Durante buena parte del siglo XX mexicano, la relación entre las Fuerzas Armadas y el poder político tuvo características particulares. La construcción del Estado posrevolucionario no puede comprenderse sin considerar el papel desempeñado por los militares que participaron en la Revolución y posteriormente se incorporaron a las instituciones permanentes del Estado.
Marcelino García Barragán pertenece precisamente a esa generación.
Su trayectoria comienza en el contexto de la lucha revolucionaria y continúa posteriormente como Director del Colegio Militar y dentro de la carrera de las armas y como Gobernador del Estado de Jalisco. La Revolución Mexicana todavía constituía una referencia política inmediata y la carrera militar representaba una de las principales vías de ascenso dentro del Estado.
Un aspecto especialmente significativo es su regreso al servicio activo durante el gobierno de Adolfo López Mateos, después de haber dejado la vida militar.
El análisis de García Barragán debe realizarse, por ello, desde su propio contexto histórico y no mediante categorías actuales aplicadas retrospectivamente.
JAVIER GARCÍA PANIAGUA: INTELIGENCIA, ADMINISTRACIÓN Y OPERACIÓN POLÍTICA
LA SEGUNDA TRAYECTORIA MUESTRA UNA TRANSFORMACIÓN.
Javier García Paniagua recibió formación militar, pero decidió no continuar por esa vía, encontró en la investigación policial y en los sistemas de inteligencia una forma distinta de servir al Estado.
La inteligencia política, sin embargo, debe analizarse históricamente con cautela. En distintos periodos del siglo XX las funciones de seguridad, investigación, inteligencia política y control del orden interno se encontraron estrechamente relacionadas.
Por ello, el tránsito de García Paniagua no constituye simplemente un cambio de profesión. Puede interpretarse como un desplazamiento desde el poder coercitivo institucionalizado de las Fuerzas Armadas hacia formas de poder basadas en la información, la anticipación, la investigación y la operación política.
Su carrera alcanzó posiciones de considerable relevancia. Fue Secretario de la Reforma Agraria, Secretario del Trabajo, Director de la Dirección Federal de Seguridad y posteriormente presidente del Partido Revolucionario Institucional.
Esta combinación resulta particularmente reveladora. García Paniagua no abandonó completamente la lógica de seguridad al abandonar la carrera militar. Más bien trasladó determinadas capacidades —disciplina, información, análisis, estructura jerárquica y capacidad operativa— hacia espacios civiles y políticos.
La sucesión presidencial de 1982
El segundo gran momento analítico corresponde a la sucesión de José López Portillo, en el que se presenta como principales opciones a Javier García Paniagua y Miguel de la Madrid Hurtado.
El contexto era particularmente complejo: crisis petrolera, fuga de capitales, nacionalización bancaria, dificultades económicas y crecimiento de una corriente tecnocrática que terminaría transformando la composición de las élites gubernamentales.
La decisión presidencial favoreció finalmente a Miguel de la Madrid. La derrota política de García Paniagua puede interpretarse, más que como el fracaso de una persona aislada, como la manifestación de una transformación más profunda del régimen: el desplazamiento gradual de una cultura política sustentada en operadores de fuerza, control y experiencia política hacia una élite con formación económica y administrativa especializada. La sucesión de 1982 constituye así un punto de inflexión. El poder seguía siendo poder, pero empezaba a hablar otro idioma.
SEGURIDAD PÚBLICA Y PROFESIONALIZACIÓN
La tercera generación introduce una modificación sustancial. Omar García Harfuch se desarrolla fundamentalmente dentro de estructuras policiales y de seguridad pública. Su trayectoria se encuentra vinculada a instituciones policiales modernas y a responsabilidades operativas de seguridad.
La diferencia resulta importante. Mientras el primer García representa el predominio histórico del componente militar, y el segundo se ubica en la zona de intersección entre inteligencia y política, el tercero se desarrolla en un entorno donde la seguridad pública demanda capacidades técnicas, investigación criminal, coordinación interinstitucional y profesionalización policial. No significa que desaparezca la política. Significa que cambia el lenguaje institucional mediante el cual se construye legitimidad.
LA PROFESIONALIZACIÓN DE LA SEGURIDAD
LA TERCERA TRAYECTORIA CORRESPONDE A OMAR GARCÍA HARFUCH.
Pese a provenir de una familia con una fuerte tradición política y de seguridad, decidió desarrollarse dentro de la profesión policial. Incluso tuvo posibilidades de incursionar en otros ámbitos, incluida la actuación por su señora madre MARIA HARFUCH HIDALGO (María Sorte, destacada actriz de cine, Teatro y Televisión), pero optó por la carrera policial.
La afirmación posee interés porque introduce una variable que no estaba presente de la misma manera en las generaciones anteriores: la elección profesional individual como elemento central de la trayectoria pública.
La diferencia respecto de sus antecesores es clara. Omar García Harfuch no aparece principalmente como militar ni como dirigente partidista. Aparece como policía profesional que posteriormente ingresa a la competencia política. El sentido de la trayectoria se invierte.
Marcelino pertenece a la generación que ayudó a consolidar el Estado posrevolucionario; Javier pertenece a la generación que administró las tensiones y contradicciones del régimen durante sus últimos grandes ciclos de estabilidad política; Omar pertenece a una generación que se desarrolla en un sistema político distinto, donde la seguridad pública se encuentra sometida a mayores exigencias profesionales, mediáticas y electorales.
Son, en ese sentido, tres fotografías de México, pero no tres fotografías aisladas. Entre ellas existe una secuencia histórica.
ES CUANTO.:






