Julieta del Río
Amor en tiempos de inteligencia artificial
El Día del Amor y la Amistad nos invita a celebrar los afectos, los vínculos y la cercanía. Sin embargo, en nuestra época, buena parte de esas relaciones también se construyen con mensajes instantáneos, historias compartidas, reacciones, videollamadas y encuentros que inician en una aplicación. Hoy nuestras emociones también habitan el entorno digital, y con ellas viajan nuestros datos personales.
Las redes sociales y las aplicaciones de citas han transformado la manera en que nos conocemos y nos relacionamos. Permiten reencontrarnos, acortar distancias y generar nuevas historias. Pero también funcionan a partir de la recopilación constante de información como gustos, ubicaciones, fotografías, contactos, horarios de conexión y hasta patrones de comportamiento. Esa información, que parece cotidiana e inofensiva, construye perfiles detallados sobre quiénes somos, qué sentimos y cómo actuamos.
La llegada de la inteligencia artificial ha multiplicado los alcances y también los riesgos. Los algoritmos no solo sugieren posibles parejas o amistades con base en afinidades; ahora pueden generar imágenes, textos e incluso voces que simulan ser reales. La inteligencia artificial puede crear perfiles falsos convincentes, sostener conversaciones automatizadas y manipular emociones con una precisión inédita. Esto abre la puerta a fraudes afectivos, suplantaciones de identidad y esquemas de engaño que se aprovechan de la confianza y la vulnerabilidad emocional.
Celebrar el amor no debe significar exponer nuestra intimidad. Proteger nuestros datos personales es también una forma de autocuidado. Implica detenernos antes de publicar información sensible, reflexionar sobre cuánta información compartimos en nuestros perfiles y comprender que no todo debe hacerse público. Conviene revisar periódicamente la configuración de privacidad de nuestras cuentas, limitar quién puede ver nuestras fotografías o historias y asegurarnos de que las aplicaciones solo tengan acceso a los permisos estrictamente necesarios, como la ubicación o la cámara, cuando realmente lo requieran.
También es recomendable evitar vincular de manera automática todas nuestras cuentas entre sí, pues cada conexión adicional amplía la exposición de nuestra información. En plataformas de citas, puede ser prudente utilizar únicamente los datos indispensables y mantener conversaciones dentro de la aplicación hasta tener certeza sobre la autenticidad del perfil. Desconfiar de solicitudes inusuales de información personal, de mensajes que insisten en mover la conversación a otros canales o de perfiles con imágenes excesivamente perfectas es parte de una cultura de prevención digital.
La protección de datos personales no es un obstáculo para el amor ni para la amistad; es una condición para que esos vínculos se desarrollen en un entorno de respeto y seguridad. La privacidad es un derecho humano que resguarda nuestra dignidad, nuestra autonomía y nuestra libertad de decidir qué compartimos y con quién.
En este Día del Amor y la Amistad, vale la pena recordar que el afecto también implica cuidado. Así como protegemos a quienes queremos en el mundo físico, debemos protegernos en el entorno digital. Porque en tiempos de inteligencia artificial, donde la línea entre lo real y lo fabricado puede volverse confusa, ejercer nuestros derechos y actuar con responsabilidad es la mejor forma de asegurar que la conexión no se convierta en vulnerabilidad.
Amar también es proteger. Y proteger nuestros datos personales es, hoy más que nunca, un acto de responsabilidad y de respeto hacia nosotros mismos y hacia los demás.


