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MORENA, más neoliberal que los neoliberales

Por: Claudia Anaya Mota

En días recientes, la mayoría oficialista en el Senado de la República aprobó la llamada Ley para el Fomento de la Inversión en Infraestructura Estratégica para el Desarrollo del Bienestar, junto con diversas reformas a la Ley de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria. Más allá del discurso, estas modificaciones permiten los esquemas de inversión público-privada que, paradójicamente, el propio partido en el poder descalificó durante años.

En términos simples, lo que se plantea es incentivar la participación del capital privado en obras gubernamentales. Un ejemplo ayuda a ilustrarlo: se promueve que inversionistas construyan una planta tratadora de agua y a cambio, el Estado les brinda concesiones para explotar y comercializar el recurso durante periodos que pueden alcanzar hasta 40 años. En el caso de carreteras, el esquema es similar: el particular construye o rehabilita y posteriormente, recupera su inversión mediante el cobro de peaje.

La nueva ley, brinda un marco jurídico para hacer uso de un porcentaje de las AFORES que es aprobada por la Junta de Gobierno de la CONSAR (compuesto por un representante de la Secretaría de Hacienda, un representane del Banco de México, un representante del IMSS, un representante del ISSSTE, un representante del sector patronal y uno del sector obrero) en el nuevo instrumento llamado “vehículos de propósito específico” que servirá para financiar obras de infraestructura gubernamental.

Si bien es cierto que este esquema no tiene nada de nuevo porque ya está en la Ley de las Asociaciones Público Privadas creada en 2012 por el ex Presidente Felipe Calderón, la izquierda que hoy gobierna, calificó la normativa como “un sello de los gobiernos neoliberales” que cedían la responsabilidad de la construcción de hospitales, carreteras, caminos, entre otros, a capital privado, lo que según ellos, signficaba una pérdida de control estatal y fomentaban a corrupción, al favorecer a ciertas empresas en su construcción.

Gracias a esa izquierda, se fortalecieron órganos autónomos para vigilar estos procesos y que los recursos fueran manejados de la manera más transparente, pero hoy, tenemos grandes diferencias y una de ellas, es que dichos órganos vigilantes, ya no existen.

Conviene recordar que, en los últimos años, la inversión pública en infraestructura ha sido insuficiente y, en muchos casos, concentrada en proyectos emblemáticos que no han demostrado ser financieramente sostenibles. Obras como el Tren Maya, el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles o la Refinería de Dos Bocas han sido señaladas por operar con costos elevados y sin rendimientos claros, lo que incrementa la preocupación sobre el destino de nuevos recursos.

Lo más criticable es que el “Movimiento de la Cuarta Transformación” con estas decisiones, contradice y lacera sus propios cimientos, porque su fundamento ideológico fue ir en contra del neoliberalismo, “proteger” a los trabajadores de la voracidad del propio sistema, por lo que demostraron su rechazo a estos modelos de inversión pública con capital privado.

Cuando la izquierda que hoy gobierna era oposición, pusieron “el grito en el cielo” cuando se creó una normativa que permite el uso de los ahorros de los trabajadores en inversiones bursátiles, pero hoy, crean una nueva herramienta financiera destinada usar los ahorros de los trabajadores para tapar los boquetes financieros que ellos mismos han provocado con su mala administración.