MORENA, la impunidad y La Luz del Mundo
Por: Claudia Anaya Mota
A partir del anuncio de las autoridades judiciales de dar “carpetazo” a las denuncias presentadas por víctimas de trata de personas y abuso sexual contra Naasón Joaquín, líder de la Iglesia de La Luz del Mundo, bajo el argumento de que “los hechos denunciados no encuadran en los tipos penales vigentes” (sic), el caso ha vuelto al ojo público y ha reavivado la indignación de la sociedad mexicana.
La Luz del Mundo es una organización religiosa fundada en México hace casi un siglo por Eusebio Joaquín, originario de Jalisco. Tras su muerte, el liderazgo fue asumido por su hijo, Samuel Joaquín, quien permaneció al frente durante más de cinco décadas. Posteriormente, el liderazgo recayó en Naasón Joaquín García, hoy preso en Estados Unidos, donde fue sentenciado en California por delitos relacionados con abuso sexual y actualmente, enfrenta un nuevo proceso en Nueva York, por los mismos cargos.
Los testimonios conocidos por las víctimas, describen mecanismos de manipulación psicológica y abusos sistemáticos al interior de la organización. En 2019, Sóchil Martin, denunció haber sido víctima desde su adolescencia y haber sido presionada para reclutar a otras menores. Su testimonio, motivó a otras víctimas a declarar y gracias a ello, se llevaron a cabo procesos judiciales desarrollados en Estados Unidos. En México, Sóchil denunció los mismos delitos un año antes, es decir, desde 2018, pero el curso del caso ha sido marcadamente distinto.
En Estados Unidos, a pesar de los esfuerzos de la defensa de las víctimas, solo algunas han obtenido justicia. En México, en contraste, las instituciones no han logrado avances significativos en la investigación ni en la sanción de los responsables.
Las denuncias públicas recientes buscan evitar que este caso quede sepultado en el olvido o en la indiferencia. No es la primera vez que líderes de esta organización son señalados por abusos y violencia sexual. La diferencia es que, en esta ocasión, Naasón Joaquín ha sido el único en enfrentar consecuencias legales… pero no en México.
Si bien las autoridades han informado que la licencia como líder religioso de Naasón Joaquín está suspendida en México desde hace dos años, esta medida resulta claramente insuficiente para las víctimas. Dentro de la organización, continúa siendo reconocido como profeta y líder, lo que evidencia que las estructuras internas permanecen prácticamente intactas.
De acuerdo con diversos testimonios, la iglesia conserva la misma organización que, a lo largo de tres generaciones, permitió que su líder máximo ejerciera un control absoluto, facilitando la manipulación psicológica de menores de edad para someterlas a prácticas que vulneran la dignidad humana. La violencia, cuando se disfraza de fe, se vuelve aún más peligrosa, porque se normaliza y se protege bajo el silencio.
El hecho de que Naasón Joaquín enfrente la justicia en Estados Unidos no garantiza la protección de quienes, en México, siguen formando parte de una estructura que no ha sido plenamente investigada ni desmontada. Tampoco ofrece reparación a las víctimas que han denunciado en territorio nacional y que hoy se enfrentan, además del trauma, a la indiferencia institucional.
El “carpetazo” no solo cierra expedientes; cierra también la posibilidad de verdad y justicia. Y cuando esto ocurre, el mensaje es devastador: que en México hay casos que simplemente no vale la pena investigar.
La pregunta de fondo no es solo qué ocurrió dentro de La Luz del Mundo, sino qué está ocurriendo dentro de nuestras instituciones de justicia. ¿Cómo es posible que delitos que han sido acreditados en otros países no encuentren eco en el sistema mexicano? Porque cuando la justicia se vuelve selectiva o incompetente, deja de ser justicia. Si el Estado decide mirar hacia otro lado, la impunidad deja de ser una excepción para convertirse en regla.
Senadora de la República


