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Las infancias y el derecho a crecer seguros en el mundo digital
Julieta del Río
Cada 20 de noviembre, se conmemora el Día Mundial de la Infancia, una fecha que nos recuerda que los derechos de niñas, niños y adolescentes no pueden darse por sentado. Cada niña y cada niño debe vivir con dignidad, protección y oportunidades.
Sin embargo, en pleno siglo XXI, garantizar esos derechos implica mirar más allá de lo evidente. La infancia ya no solo necesita escuelas seguras y entornos libres de violencia; también requiere protección en el espacio donde hoy pasan buena parte de su vida: el mundo digital.
Desde mi experiencia en la defensa del derecho a saber y la protección de datos personales, he visto cómo la infancia mexicana enfrenta desafíos que hace apenas una década no imaginábamos. Uno de los más preocupantes es el sharenting, esa práctica normalizada en la que madres, padres o tutores comparten fotografías, rutinas, logros escolares y hasta datos sensibles de los menores, sin medir las consecuencias. Lo que parece un gesto de cariño puede convertirse en una exposición permanente, en una huella digital que los acompañará toda la vida y sobre la que ellos no tuvieron oportunidad de opinar.
Hoy, uno de los mayores desafíos para la infancia es el uso indebido de la inteligencia artificial, que ha abierto la puerta a riesgos antes impensables como la suplantación de identidad, la alteración de imágenes y videos, y la creación de contenido falso que puede dañar profundamente la vida de una niña o un niño.
Estos riesgos ya no pertenecen al futuro, ahora se pueden fabricar fotografías hiperrealistas, imitar voces y replicar comportamientos con una facilidad alarmante, exponiendo a los menores a situaciones de extorsión o acoso. Por eso, proteger su imagen, limitar su exposición en línea y educarles sobre estas amenazas es una urgencia ética y social, no solo tecnológica. La niñez debe crecer en entornos seguros (también en lo digital) donde su identidad no pueda ser manipulada ni explotada.
La privacidad de la niñez es un derecho, no un favor. Y este derecho comienza desde casa. Antes de publicar una foto, debemos preguntarnos si realmente corresponde hacerlo, si no vulnera su seguridad, si no compromete su identidad presente y futura. México cuenta con leyes que protegen a la niñez, pero ninguna norma es suficiente si no se complementa con una cultura de cuidado y respeto.
Del mismo modo, acercar el derecho a saber a niñas, niños y jóvenes es fundamental. Cuando ellos conocen sus derechos (a preguntar, a proteger su información, a no compartir datos con extraños en línea) se vuelven menos vulnerables a engaños, extorsiones o prácticas que ponen en riesgo su integridad. En talleres, escuelas y campamentos he comprobado que la niñez entiende perfectamente la importancia de no entregar su privacidad a cambio de un clic. Solo necesitan que alguien se los explique con claridad y confianza.
También he promovido durante años la participación infantil en temas de transparencia. Las historietas y trabajos que niñas y niños han presentado en concursos nacionales dan cuenta de algo poderoso: ellos sí entienden la importancia de vivir en un entorno donde la verdad se respete. La niñez no solo es receptora de derechos; es creadora de ideas y soluciones para un país que quiere ser mejor.
Recordemos que proteger sus datos, escuchar su voz y garantizar su bienestar digital es parte del compromiso que tenemos como sociedad. Cuidar su intimidad es cuidar su futuro. Y si queremos un México más justo, más seguro y más libre, debemos empezar por ahí: defendiendo la privacidad de quienes aún no pueden defenderse solos. Porque la infancia no es el mañana; es un presente que exige toda nuestra atención hoy.