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Julieta del Río
Austeridad implica riesgos en la seguridad de la información
Cada 30 de noviembre conmemoramos el Día Internacional de la Seguridad de la Información, una fecha que nos recuerda que, en un mundo cada vez más digital, proteger los datos es una responsabilidad ética, institucional y ciudadana. La tecnología avanza todos los días, pero también lo hacen las amenazas. Y mientras más dependemos del software y de las plataformas digitales para operar, comunicar, trabajar y hasta gobernar, más urgente se vuelve invertir realmente en seguridad.
Quienes hemos trabajado en el fortalecimiento de las instituciones públicas sabemos que la seguridad de la información no es un gasto, sino un pilar de confianza. En mis años acompañando la construcción, mejora y operación de la Plataforma Nacional de Transparencia, hubo una convicción que nunca cambié: blindar los sistemas que resguardan los derechos de la ciudadanía. Y puedo decirlo con claridad y con orgullo, la Plataforma Nacional de Transparencia nunca fue vulnerada. No fue casualidad. Fue resultado de planificación, inversión en infraestructura, colaboración técnica y una vigilancia constante.
De acuerdo con datos de la Asociación Mexicana de Ciberseguridad, en 2024 se registraron más de 80 mil millones de intentos de ataques cibernéticos en México. Además, se estima que el 95 % de las brechas de seguridad tienen origen en errores humanos, y que las empresas mexicanas tardan en promedio 207 días para detectarlas y 277 días para contenerlas. Estos números subrayan la urgencia de combinar inversión tecnológica con capacitación y cultura de seguridad desde adentro.
Hoy, cuando los programas públicos, la educación, los servicios de salud y hasta nuestras relaciones personales dependen de aplicaciones y sistemas, estamos obligados a entender que el software sin seguridad es una puerta abierta. Los ataques informáticos ya no distinguen fronteras ni tamaños; afectan a empresas, gobiernos y personas por igual. Pero también revelan otra realidad: muchas instituciones siguen sin ver la seguridad como una prioridad presupuestal. Y esa omisión termina costando más que la prevención.
Invertir en seguridad de software implica pruebas continuas, auditorías, actualizaciones, monitoreo, capacitación e incluso entender que los engaños que buscan vulnerarnos más allá de la tecnología son tan peligrosos como un malware. En México aún existe la idea equivocada de que estos temas son solo técnicos, cuando en realidad son estratégicos. Si queremos un Estado moderno, transparente y confiable, tenemos que dejar de escatimar en aquello que sostiene la operación digital del país.
Este 30 de noviembre es una oportunidad para reflexionar, pero sobre todo para actuar. Las instituciones deben comprometerse con presupuestos suficientes, procesos de mejora permanente y personal especializado. Y la ciudadanía también debe fortalecer su cultura digital a través de contraseñas seguras, verificación de fuentes, cuidado con los enlaces sospechosos y un uso más consciente de las tecnologías.
La seguridad de la información no es un lujo ni un adorno: es la base sobre la cual se construyen la confianza pública, la rendición de cuentas y los derechos digitales. En tiempos donde la desinformación, el robo de datos y las vulneraciones están a la orden del día, no podemos permitirnos la improvisación. Apostar por la seguridad es apostar por instituciones fuertes. Y, sobre todo, es apostar por las personas.