Datos personales, un trofeo en el Mundial 2026
Julieta del Río
La celebración de un Mundial de Fútbol en México no sólo activa pasiones deportivas y orgullo nacional, también pone en la mira nuestra información personal. Hoy, a menos de un año del torneo, no es exagerado afirmar que los datos personales se han convertido en uno de los trofeos más disputados de la fiesta mundialista.
En esos días ya podemos ver diversas publicaciones y anuncios que prometen boletos para el Mundial. Se multiplican en espectaculares, redes sociales y aplicaciones, como si fueran simples ganchos promocionales. Pero detrás de esos clics aparentemente inofensivos se oculta algo mucho más profundo: la extracción masiva de datos personales de consumidores (nombre, fecha de nacimiento, correo electrónico, IP, ubicación, y en ocasiones números de teléfono y perfiles sociales) sin que los usuarios comprendan a fondo el valor real de lo que entregan.
Es cierto que la Ley Federal de Protección de Datos Personales en Posesión de Particulares establece la obligación de transparentar el uso de la información y justificar su finalidad. Sin embargo, en la práctica, muchos avisos de privacidad son confusos, difíciles de encontrar o explícitamente permisivos con la transferencia y reutilización de datos por terceros. Marcas que ofrecen regalos o experiencias hasta hace poco reservadas para jugadores y entrenadores concentran bases de información que, lejos de disiparse después del torneo, se quedarán para uso futuro, moldeando hábitos de consumo y estrategias mercadológicas sin el consentimiento informado de las personas.
Esto no es un escenario nuevo. Dadas las tecnologías involucradas en la venta de boletos, el control de acceso, las plataformas digitales y las herramientas de interacción con aficionados. Un evento de esta magnitud exige mecanismos de protección sólidos, desde el diseño de los sistemas de recolección hasta su ejecución técnica, y no meras advertencias legales superficiales.
Pero la preocupación va más allá de campañas comerciales. Los entornos digitales del Mundial (plataformas de venta, aplicaciones de turismo, redes públicas de wifi y micro-sitios asociados al torneo) se convierten en campos fértiles para ciberataques, fraudes y suplantaciones automatizadas que buscan robar identidad y dinero, como han señalado especialistas en seguridad informática. No es casualidad que comunidades de aficionados denuncien estafas basadas en ofertas ficticias de boletos con logos oficiales; detrás de cada código QR o página con apariencia legítima puede haber un algoritmo diseñado para capturar datos en tiempo real.
Lo que está en juego es también la dignidad de las personas que asisten al Mundial como consumidores, visitantes o simples entusiastas. La privacidad no es un rubro técnico adicional, sino un derecho humano esencial, consagrado constitucionalmente y reconocido internacionalmente: protege la autonomía, la libre decisión y la libertad de la persona frente a estados y empresas. Sin una protección efectiva de los datos, la experiencia del Mundial corre el riesgo de convertirse en una experiencia de vigilancia y mercantilización de la identidad individual.
Por ello, es urgente replantear nuestra aproximación: necesitamos transparencia real y claridad de propósito en el uso de datos, exigencia de consentimiento informado expreso, mecanismos accesibles para ejercer los derechos de acceso, rectificación, cancelación y oposición, y sanciones efectivas frente a uso indebido. Las personas no deben tener que convertirse en expertas en leyes para entender cuándo y cómo se explotan sus datos. El espíritu de un Mundial debería ser de inclusión y celebración, no de extracción silenciosa de la privacidad de la gente.
Si aspiramos a que México sea un anfitrión ejemplar, no basta con estadios llenos y logística impecable, debemos garantizar que los derechos de quienes participan en este evento también sean respetados, en especial el derecho a la protección de sus datos personales. Ese, más que cualquier trofeo, debería ser el legado más importante que dejemos después de la última final.



