Política de Seguridad.
Por: Juan Carlos Girón Enriquez

Ante un escenario plagado de enfrentamientos, homicidios de jefes de la policía, renuncias masivas de cuerpos policiacos y bachilleratos policiales y militarizados, la pregunta es si hay o no una política clara en materia de seguridad en la presente administración federal.
No se trata de ponernos de parte de nadie, porque tal parece que a los morenistas todo lo que suene en contra del presidente López Obrador es estar a favor del PRIAN, como ellos le llaman, o de las políticas neoliberales que, a su decir, tanto daño han hecho a nuestro país; se trata simplemente de poner en una balanza lo que se esta haciendo ahora, en comparación con todo lo que antes se señalaba, con lo que se predicaba en el discurso, con lo que tanto se exigía y ahora no han sido capaces de proporcionarle al pueblo mexicano.
Es imposible dejar de recordar los discursos políticos de Andrés Manuel durante su campaña de 18 años, como fue criticando duramente al gobierno en turno y haciendo evidente la incapacidad de todos y cada uno de los presidentes por acabar con la ola de violencia que aquejaba (y sigue aquejando) al país.
Para poner las cosas en su justa dimensión, la política de combate frontal a la delincuencia mediante las fuerzas armadas militares comenzó en el sexenio de Felipe Calderón, justo en el sexenio en el que AMLO cuestionó fuertemente a las instituciones por haber solapado el supuesto fraude electoral del que había sido objeto, según su entender.
Al López Obrador, esa política no le pareció la adecuada. Posteriormente, durante el sexenio de Peña Nieto, las políticas de prevención y la continuidad de la guerra contra el narco tampoco le parecieron adecuadas, el entonces candidato permanente a la presidencia se unía a cuanta marcha por la paz se hacía para repetir incansablemente su discurso en contra del gobernante en turno y presumir como él podría implementar una mejor estrategia.
Todo fuera como el discurso. Cierto es que el problema de inseguridad tan arraigado que se tiene en nuestro país no se resuelve de la noche a la mañana, se necesita de trabajo conjunto, no es un asunto de una sola persona, pero lo mas importante sería el diseño de una estrategia clara, con metas a corto, mediano y largo plazo, que vayan construyendo una base sólida social, que evite la reproducción del circulo de violencia mientras se trabajo en la contención y erradicación de la violencia que ya existe. No son objetivos sencillos, mucho menos inmediatos, la estrategia debe de contar con el compromiso político a mediano y a largo plazo, es decir, gobiernos futuros, sin embargo, en este país, eso no sucederá.
En primer lugar, porque nadie quiere diseñar una política pública de seguridad que se tarde diez o quince años en mostrar resultados palpables y en segundo lugar, porque ningún futuro gobernante sostendrá un acierto del gobierno anterior, por el contrario, tratara de borrar toda huella de ello.
Mientras el gobierno en turno no diseñe claramente esa estrategia y sigamos pensando que la sana crítica y la manifestación de las ideas es un ataque personal al gobernante, estamos equivocando el camino, porque la estrategia nunca debe ser desacreditar al que se manifiesta, sino rescatar las ideas que se proponen que sean viables, entrar al debate de oportunidades y construir, ciudadanía y gobierno, políticas públicas que consoliden a la sociedad en lugar de dividirla.
Todo parece indicar que el presente gobierno prefiere desacreditar que escuchar, destruir en lugar de construir. Una política, considero, equivocada, pero finalmente la política de esta administración.